viernes 29 de agosto de 2008

ARREPENTIMIENTO, o qué habría sido de ella


El escritor francés Sanial Dubay apuntaba que «No basta con arrepentirse del mal que se ha causado, sino también del bien que se ha dejado de hacer».

A veces me pregunto qué habría sido de mi hija si no estuviera con nosotros, dónde viviría y con quién. Me pregunto si sería feliz, si tendría todo lo que necesita para vivir o si le faltaría algo importante. Es un pensamiento recurrente que me da grima, pero no puedo evitar que de vez en cuando se cuele en mi cabeza.

Pero no es el único pensamiento que me produce inquietud. Otras veces especulo sobre quién será y dónde estará en este momento esa otra criaturita que podría estar viviendo con nosotros si hubiéramos podido tramitar otra adopción más.Y es que si de algo me arrepiento en relación con la adopción de mi hija es no haberlo hecho antes. Porque la experiencia ha sido tan satisfactoria que me han dado ganas de repetirla, pero ya no es posible. La edad de mi mujer y la mía nos impide iniciar de nuevo un procedimiento de adopción.

miércoles 27 de agosto de 2008

LAS TRAVESURAS, o malcriando a mi hija

«La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices», afirmaba Albert Einstein, por eso yo intentaba compensar la carencia de felicidad que presumiblemente Eva había padecido antes de llegar a nosotros.

Eva sigue creciendo sana y feliz, pero se ha convertido en una niña caprichosa y consentida. Y aunque toda la familia ha colaborado en ello, la culpa es principalmente mía porque la mimé demasiado desde el principio. Yo pensaba que bastantes carencias habría tenido durante sus tres primeros años de vida en el orfanato y que ahora se merecía no se le negara muchos de sus caprichos. No es que le proporcionara todo lo que me pedía, pero sí fui –y sigo siendo –muy blando con ella. En realidad he sido muy blando con todos mis hijos.

Se le antoja todo cuanto ve, no se acuesta a su hora ni lo hace sola en su cama, no recoge los juguetes, se pelea con su hermano, dice más palabrotas de la cuenta, se ha adueñado del mando a distancia... Dicho así podría parecer que Eva es un pequeño monstruo, pero sin embargo tiene muy buen corazón.

Ella sabe cuándo se ha portado mal hasta el punto de que no se puede dormir tranquila si antes no nos hemos perdonado por todas las travesuras que haya hecho durante ese día.

Y cuando me da ese beso de perdón junto con un abrazo achuchado, se me olvidan todas sus fechorías.

sábado 23 de agosto de 2008

LA PROFECÍA, o tres son demasiados


«Era una oscura y tormentosa noche…» es quizá el mayor tópico literario y fue ideado por el escritor Edward Bulwer-Lytton. Dado el carácter esotérico de lo que voy a contar puede que sea una buena cita para introducir al lector en los acontecimientos que se van a narrar, sin embargo prefiero otra frase del mismo autor: «El destino se ríe de las probabilidades». Y es que de nuevo la casualidad hace aparición en esta historia.

Acabando de redactar el capítulo anterior me ha venido un recuerdo que tenía almacenado en el fondo de mi mente y que hace muchos años no rememoraba. Aunque la relación con el tema que estoy escribiendo es poca la voy a contar porque me parece una anécdota curiosa.

Corría el mes de septiembre de 1984, apenas si llevábamos un mes casados cuando estando en la parada del autobús una gitana se dirigió a nosotros. Con sus palabras aduladoras en caló, la mujer pretendía que le diéramos algunas monedas, y para ello nos ofreció leer las palmas de nuestras manos a cambio de la voluntad.

Soy por naturaleza escéptico y rechazo este tipo de patrañas, de modo que siempre declino las ofertas de este tipo, pero la gitana era simpática y zalamera, y después de todo todavía faltaba bastante rato para que llegara el autobús, así que accedimos para entretenernos.

Primero tomó mis manos y nada más mirarlas dijo que yo era joven y guapo, y añadió que estábamos recién casados. Lo de joven era evidente porque yo tenía entonces 24 años y la cabeza cubierta de una tupida cabellera de recio pelo tirando a rubio (¡suspiro!), lo de guapo era relativo pero opté por darlo como bueno porque como suele decirse “sobre gustos no hay nada escrito”, y lo de casado era fácil de deducir porque llevábamos las alianzas puestas. También dijo que nuestro matrimonio sería largo, lo cual tampoco era difícil de adivinar porque en aquella época no existía la ley del divorcio ni parecía que fuera posible su existencia a corto plazo.

No recuerdo mucho más de lo que la gitana vio en las líneas de mis manos, pero sí pervive en mi memoria algo de lo que vaticinó al leer las de Tere. Dirigió su mirada al monte de Mercurio donde pequeñísimas líneas anuncian el número de hijos que una persona tendrá a lo largo de su vida, así como el sexo de las criaturas e incluso su carácter (?). Analizó detalladamente esta zona de la mano de mi mujer y afirmó rotundamente que tendríamos a nuestro primer hijo en muy breve tiempo, y añadió que en total tendríamos tres hijos.

Tras darle algunas monedas la gitana nos dio una ramita de romero y se marchó en busca de otros incautos. Entonces mi mujer y yo nos dedicamos a comentar jocosamente los pronósticos de la gitana adivina.

Nos reímos de su predicción sobre tener nuestro primer hijo en breve plazo porque nuestra intención era estar unos años sin niños ya que éramos bastante jóvenes y queríamos disfrutar un tiempo solos y viajar, y además teníamos mucho tiempo por delante para tener hijos.

Y sobre lo de tener tres descendientes también nos hizo sonreír porque, si bien pensábamos tener hijos, no era nuestra intención cargarnos de niños, nuestros planes eran tener uno, o a lo sumo dos.

Aunque siempre me gustaron los niños, en aquellas fechas yo no tenía muy desarrollado mi sentido de la paternidad, y por lo que respeta a Tere, ella siempre dijo que los niños no le llamaban demasiado la atención y que incluso podía imaginar una vida sin hijos. Era evidente que tres era demasiado para nosotros.

Sin embargo, cinco meses más tarde, y con gran sorpresa nos encontramos con que Tere estaba embarazada de nuestro primer hijo, Pablo, y eso a pesar de los cuidados que poníamos para evitar posibles embarazos. Entonces me acordé de la gitana y de su primera premonición.

Cinco años más tardes y también de manera bastante poco previsible Tere estaba de nuevo embarazada, en esta ocasión de Carlos. Durante este segundo embarazo volví a acordarme de aquella gitana y de sus augurios, y llegué a pensar si acaso se harían realidad. Pero cuando nació nuestro hijo Carlos concluí que ya nunca podrían cumplirse porque el médico práctico una ligadura de trompas a Tere por ser lo más conveniente tras dos cesáreas consecutivas.

Desde entonces no volví a acordarme de aquella gitana embaucadora y medio bruja que conocimos en la parada del autobús. Su disparatado oráculo cayó en el olvido porque no se había cumplido, ya que sólo teníamos dos hijos y ninguna posibilidad de futuro embarazo, en lugar de los tres hijos que ella nos anunció.

Pero de nuevo esta mañana, unos dieciocho años más tarde desde la última vez que la recordé, la gitana volvió a mi mente. Veinticuatro años después de la predicción y tres años después de que Eva esté con nosotros, me he dado cuenta de que la gitana acertó de pleno. Eva Xiudi vino a nuestras vidas haciendo realidad los entonces disparatados vaticinios de la hechicera.

¿Acaso la gitana vio que las manos de Tere asían el Hilo Rojo?

miércoles 20 de agosto de 2008

LAS DUDAS, o papá, POR QUÉ


«Una tortuguita comienza penosa y lentamente a subirse a un árbol. Después de varias horas de esfuerzo, cuando llega a la punta, se lanza al vacío y se da un tremendo golpe contra el suelo. Al rato, la misma tortuguita vuelve a hacer el esfuerzo y lentamente, trepando como puede, llega de nuevo casi a la punta, se lanza y se vuelve a dar otro costalazo. Nuevamente, testaruda, hace otro tremendo esfuerzo y después de mucho rato y muchos jadeos, va llegando a la punta del árbol cuando se resbala, se vuelve a caer, agita sus patitas y se pega nuevamente un gran golpe en el suelo. En el mismo árbol, en el extremo de una rama, había una pareja de palomas mirándola con lástima… Entonces la paloma hembra le dice al palomo macho:
—Oye, querido, ¡¿No te parece que ya es tiempo que le digamos a la tortuguita que ella es adoptada?! —»
.

Espero no haber molestado al lector con este inocente chiste con el que sólo pretendía ilustrar con humor por qué es tan importante para un niño adoptado conocer sus orígenes.

Para una persona que ha conocido a sus padres biológicos desde su nacimiento, que ha convivido con ellos y que ha gozado de su presencia, es difícil comprender lo pensamientos que transitan por la cabeza de un niño adoptado así como los sentimientos –a veces contradictorios –que con toda seguridad conviven en su corazón. Quizá pasiones encontradas de amor y odio hacia sus desconocidos padres biológicos, y puede que también sensaciones de aceptación y a la vez de rechazo hacia sus padres de verdad, los adoptivos.

Tengo una hija adoptada de origen chino, es preciosa, despierta y muy cariñosa, aunque también algo traviesa. Todavía es pequeña, pero ya comienza a preocuparme los conflictos mentales y sentimentales que su condición de adoptada pueda provocarle. Pronto le surgirán las dudas y comenzará a preguntar, al principio se tratará de preguntas cortas, claras y directas.

Sobre su entrega (aunque parezca un eufemismo prefiero utilizar esta palabra en lugar del vocablo abandono) querrá saber cuándo se produjo, cómo, dónde y –sobre todo –POR QUÉ. Y ésta última cuestión es la que más me inquieta. No puedo, ni debo mentir, y tampoco quiero hacerlo. Quisiera poder darle las respuestas y al hacerlo asegurarme de que no le causen el más mínimo dolor, pero creo que lo tengo bastante difícil. Por eso quiero estar preparado para cuando pregunte y saber cuál será aquella respuesta que, sin faltar a la verdad, mejor pueda satisfacer sus inquietudes y tranquilizar su espíritu.

El cuándo, el cómo y el dónde son relativamente fáciles de responder, de hecho existe documentación al respecto en su expediente de adopción. Además, podré contar con la ayuda de la Administración Pública para recabar el mayor número de datos posible sobre mi hija, porque la legislación vigente en materia de adopciones garantiza a las personas adoptadas el derecho a conocer sus orígenes biológicos, para lo cual incluso se nos facilita el acceso a toda la información que las propias Entidades Públicas dispongan. La reciente Ley 54/2007, de 28 de diciembre, de Adopción internacional, en su artículo 12 garantiza el derecho a conocer los orígenes biológicos: «Las personas adoptadas, alcanzada la mayoría de edad o durante su minoría de edad representadas por sus padres, tendrán derecho a conocer los datos que sobre sus orígenes obren en poder de las Entidades Públicas españolas, sin perjuicio de las limitaciones que pudieran derivarse de la legislación de los países de que provengan los menores. Este derecho se hará efectivo con el asesoramiento, la ayuda y mediación de los servicios especializados de la Entidad Pública de Protección de Menores u organizaciones autorizadas para tal fin.». Y para garantizar aún más este derecho, en su disposición final primera modifica el artículo 180 del Código Civil añadiendo un nuevo punto instando a las Entidades Públicas a prestar estos servicios especializados.

Pero para responder a las tres primeras cuestiones no sólo haré uso de la información que me pueda suministrar la Administración española, ya que ésta estará limitada a los datos proporcionados por el orfanato chino en el que vivió los primeros tres años de su vida. Para conocer más sobre el cómo, el cuándo y el dónde he podido hacer algunas “investigaciones” que han dado sus frutos. Son pequeñas averiguaciones para las que no necesito desplazarme a China y puedo hacerlas desde mi casa o en mi entorno, pero que a mí me parecen auténticos logros en pos de sus orígenes.

Sentado frente al ordenador y utilizando las posibilidades y recursos que Internet me ofrece, así he conseguido información muy interesante para satisfacer estas tres incógnitas: logré un ejemplar del periódico chino en el que se publico su “finding ad” (es un anuncio en prensa que, desde el año 1999, los orfanatos chinos están obligados a publicar de todos los niños que acoge. Muchos de estos anuncios incluyen la foto del niño o niña), también localicé un DVD del orfanato donde vivió sus tres primeros años, así como fotos y planos de la ciudad donde se ubica. He localizado en el “Google Maps” la ciudad donde se encuentra el orfanato y también la ciudad donde fue hallada.

Además he creado un grupo en Internet que pretende reunir al mayor número posible de familias españolas con niñas del mismo orfanato que mi hija, de esta manera podemos compartir información y cuando sean un poco mayores podrán permanecer en contacto entre ellas si lo desean.

Asimismo estoy registrado en el “grupo americano” de familias con hijas del mismo orfanato que la mía. Es una buena fuente de información aunque el problema del idioma es una importante traba para mí.

Y sin hacer uso de las tecnologías también he dado algunos pasos en pos de conocer algo más sobre sus orígenes: pertenezco a una asociación de familias adoptantes en China con cuyos miembros comparto información y amistad, y estoy suscrito a publicaciones especializadas en materia de adopción.

Como veis, son muchas las cosas que podemos hacer sin gran esfuerzo para obtener información sobre el origen de nuestras hijas. En este momento tengo una importante cantidad de datos sobre cuando, cómo y dónde la encontraron. Pero aún me queda saber cómo voy a responder a la principal duda que, tarde o temprano, mi hija me planteará:

—Papá, POR QUÉ —.

Hay mucha literatura sobre cómo abordar la respuesta a esta delicada pregunta, desde cuentos para los propios niños hasta sesudos tratados, y son muchos los especialistas que opinan sobre este asunto. Psicólogos, educadores, asistentes sociales y padres adoptantes, entre otros muchos, dan consejos y advertencias sobre la mejor forma de abordar ciertos temas con los hijos no biológicos. Pero a mí ninguno me satisface. No es que desconfíe de los conocimientos y experiencias de estos profesionales, cuyos consejos valoro, sino que cada niño es un mundo, cada niño es diferente y lo que puede ser válido para uno, para otro puede ser contraproducente. Lo argumentos que a un niño pueden convencer, a otros le pueden provocar más incertidumbres aún, y una respuesta equivocada a un adolescente adoptado puede ocasionarle más desasosiego que tranquilidad.

Realmente nunca sabré por qué fue entregada, porque la respuesta a esa pregunta sólo lo tienen sus padres biológicos, pero no quiero dejar a mi hija sin una contestación. Supongo que mi respuesta irá cambiando sutilmente, con pequeñas variaciones, conforme ella vaya creciendo.

Mientras sea pequeña le contaré que nació en una familia que no la pudo cuidar y es por eso que nosotros somos su familia para toda la vida. Y por fin, cuando tenga suficiente capacidad de raciocinio, entonces podré hablarle de la política del hijo único en China, de la problemática que supone la superpoblación para este país, de las dificultades económicas para mantener una hija, de la pobreza en el medio rural… hasta que sea lo suficientemente mayor y le hable de las cuestiones “culturales” que hacen que las niñas sean infravaloradas en ese país y en otros muchos…

Pero mis dudas no se limitan tan sólo a lo que debo decirle, porque tampoco tengo claro cuál será la mejor manera de explicárselo, lo que puedo afirmar es que se lo contaré con amor y delicadeza, y sin juzgar a las personas ni a los acontecimientos. Cuando se lo explique no haré juicios de valor sobre personas que no conozco ni sobre una decisión que quizá fue la más dura que jamás tomaron y presumiblemente en unas circunstancias difíciles.

Lo haré lo mejor que pueda, pero siempre me quedará la duda de si lo que le digo es la verdad y si lo estoy haciendo bien. Y mientras le cuento lo poco que sé, intentaré convencerla de que su vida anterior no se puede cambiar, y que aunque la desconozcamos y nos duela, debemos aceptarla sin rencores ni recelos.

Como veis, sólo tengo incertidumbres, sin embargo, en este mar de dudas hay una cosa que tengo muy clara, y es que debo convencerla de que, si bien apenas tenemos datos de su historia pasada, debemos mirar hacia el futuro y construirlo juntos, e intentar que la parte de su vida que comienza desde el momento en que llegó a nosotros se convierta en una historia llena de amor, felicidad y éxitos. Y que esto es mucho más importante que el pasado.

domingo 17 de agosto de 2008

AGRADECIMIENTO, o un mensaje de tranquilidad y gratitud a través del «Hilo Rojo»


Según una antigua tradición china, «un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, del lugar, de las circunstancias... El hilo puede enredarse o tensarse, pero nunca puede romperse». Al final, todas las personas que tiran de él llegan a reunirse. Es una bonita historia que todos los adoptantes en China conocen y que les ayuda a sobrellevar la espera.

En todo acontecimiento humano en el que intervienen varias personas, al final siempre alguien queda injustamente olvidado, y me atrevería a afirmar que con frecuencia son los más débiles e indefensos. Unas veces por desconocimiento, otras por desidia e incluso en ocasiones por conveniencia hay personas cuya participación se omite.

Son muchos los actores que participan en un proceso de adopción: los protagonistas son, indudablemente, el niño adoptado y los padres adoptivos, pero no olvidemos al resto de los miembros de la familia adoptiva, a los tutores, a los amigos que animaron la desesperante espera… Además, mientras dura el proceso de adopción, así como durante la adaptación y el seguimiento, son muchos los implicados: funcionarios de la Administración que han gestionado los expedientes, sicólogos y trabajadores sociales que imparten los cursos de adopción, otros que hacen los informes de idoneidad… Si además se trata de una adopción internacional también participan los miembros de las organizaciones que ayudan con los trámites en el país de origen del niño (ECAI) e, igualmente, los que tramitan los expedientes en ese país.

Entonces, ¿a quiénes me refiero cuando hablo de los grandes olvidados en las adopciones? Pues estoy hablando de dos personas, de un hombre y de una mujer sin los cuales la adopción de nuestros hijos no podría haberse llevado a cabo, sin ellos sería imposible tener a esos niños con nosotros. Evidentemente estoy hablando de los padres biológicos. Ellos son los grandes olvidados pese a que su protagonismos es, cuanto menos, equiparable al de los padres adoptivos, y a pesar de que su participación es imprescindible.

Por mi condición de padre adoptante tengo oportunidad de hablar con frecuencia con otros padres en las mismas circunstancias que yo. Solemos conversar de nuestros hijos, de su adaptación al nuevo entorno familiar y escolar, de sus relaciones con los otros miembros de la familia y con los amigos, de sus avances escolares, de sus travesuras, del proceso de adopción, del viaje tan especial y lleno de sentimientos y ternura que hicimos para recogerlos… pero casi nunca nos referimos a sus padres biológicos. A veces yo mismo evito mencionarlos ante otros padres adoptivos porque considero que para mi interlocutor puede tratarse de un tema tabú. Algunas familias pertenecemos a asociaciones de familias adoptantes, nos reunimos con frecuencia y nuestros hijos son siempre el tema de conversación, incluso hablamos de cómo creemos que fue su estancia en el orfanato, pero nunca he oído a nadie referirse a cómo serían los padres que lo concibieron. No queremos hablar ni oír hablar de ellos, y sin embargo, ¡tenemos tanto que agradecerles!

Recuerdo que una de las pocas veces que los padres biológicos se mencionaron en una conversación en la que yo estuve presente fue al principio del proceso de adopción, durante el curso al que obligatoriamente tuvimos que asistir. Cuando se habló de ellos, el interés se centraba principalmente en la posibilidad de que en algún momento pudieran “aparecer” y exigir que el niño les fuera devuelto. Otra circunstancia en la que se habla de los padres biológicos suele ser cuando se comunica a los futuros nuevos padres la asignación del hijo que tienen solicitado, en ese momento solemos preguntar por sus padres biológicos para averiguar si se sabe algo de ellos o si por el contrario son desconocidos, y creo que muchos respiran aliviados al saber que su futuro hijo no tiene padres acreditados. Supongo que en el fondo lo que tenemos es miedo a que nos puedan quitar a nuestros hijos, a que sus padres aparezcan en cualquier momento y se los lleven. Es un miedo infundado pero lógico a la vez. Es infundado porque cuando la adopción está completamente formalizada, los auténticos padres son los adoptivos, pero a la vez es lógico porque el miedo a perder aquello que tanto valor tiene para nosotros y que tanto nos costó conseguir difícilmente se puede evitar.

Quizá el auténtico miedo tiene un origen más bien psicológico: tenemos miedo de que, si esos padres existen, nuestros hijos puedan mostrar un interés excesivo por ellos y nosotros quedemos un segundo plano. Tenemos miedo a que nos quiten su amor. Y ante este miedo a que nos usurpen nuestro lugar en el corazón de nuestros hijos, preferimos silenciar su posible existencia, al menos mientras nuestro hijo no pregunte por ellos.

No obstante creo que todos hemos pensado en alguna ocasión en esos padres, en cómo serían, en cuáles fueron los motivos que les llevaron a la dura decisión de abandonar a su hijo –mi hijo –. Y ya puestos a divagar podemos hacerlo en negativo y tratar de auto convencernos de que eran unos desalmados que abandonaron a su suerte a sus hijos inocentes e indefensos, que son padres desnaturalizados, indignos de traer hijos al mundo y que por eso no merecen ni siquiera que hablemos de ellos.

Incluso podemos recriminarles el abandono de la criatura, a pesar de que eso permitió que llegara hasta nosotros. Pero también podemos pensar en positivo e imaginar que son unos pobres desdichados que no tuvieron más remedio que, con todo el dolor de su alma, abandonar a sus hijos ante una situación insostenible, como solución a sus males y como única esperanza de proporcionarles un mundo mejor que el que ellos pueden ofrecerle.

Yo sí pienso en ellos con frecuencia, imagino a los padres biológicos de mi hija, y prefiero hacerlo en positivo –aunque debo reconocer que a veces me asaltan reflexiones negativas que intento desterrar rápidamente –. Y pienso que esos padres, a quienes tanto debo, han sido unos buenos padres que ante la adversidad, la miseria y el futuro incierto para su hija decidieron abandonarla en un lugar visible para que fuera rápidamente recogida, y con la única esperanza de que alguna familia la adoptara, la quisiera, la cuidara, la educara y le ofreciera todo lo que ellos no podían darle.

Entonces siento que ellos también pensarán con frecuencia en su hija a quien tuvieron que abandonar por su bien. Creo que cada noche, al acostarse, sufren ante la incertidumbre de cómo estará esa niña sobre la que perdieron todos sus derechos, y creo sentir cómo también lloran por no saber nada de ella, si estará bien cuidada y bien alimentada y si es o no feliz. No saben dónde se encuentra, ni siquiera si está cerca o lejos, y quizá ni se imaginen que ahora viva en otro país tan distinto al suyo a diez mil kilómetros de distancia.

Si acaso saben que la niña ha sido adoptada, puede que incluso piensen en mi mujer y en mí y se pregunten cómo seremos, y para consolarse quizá nos imaginen cómo esos padres ideales que ellos soñaron para su hija.

Yo también sufro por ellos, y por eso me gustaría hacerles saber que su hija está perfectamente bien de salud; quisiera poder decirles que tiene unos padres que darían su vida por ella, y dos hermanos que la quieren con locura; que está rodeada de cariño; que tiene abuelos, tíos y primos que la adoran. Que su tita María Jesús y su tita Toñi no pueden dejar pasar mucho tiempo sin verla y que siempre tienen un regalito para ella. Que sus primas Carmen, Elena y Gema la quieren tanto que hasta le regalan sus juguetes. Que todos sus primos (y son tantos que sería largo relacionarlos) la buscan para jugar.

Ojala pudiera decirles que mi hija –su hija –tiene muchos juguetes; que tiene mucha ropa y disfruta poniéndosela; que le gusta ir al colegio y tiene muchos amiguitos; que siempre tiene ganas de jugar (hasta dejarnos agotados); que está feliz y con muchas ganas de vivir. Pero sobre todo quisiera poder decirles que tiene por delante una vida llena de oportunidades y un futuro esperanzador.

He escrito este texto porque quiero hacerles llegar este mensaje de tranquilidad a esos padres tristes por su hija abandonada, por su hija amorosamente entregada a unos desconocidos a través de un orfanato. Quiero serenar el espíritu de esos padres que prefirieron sufrir la pérdida de su hija con la remota esperanza de darle algo mejor.

Pero este escrito no es más que un gesto simbólico, porque los padres de mi hija son chinos, probablemente de la región de Guangdong, quizá de la ciudad de Wuchuan, y no creo que puedan leer esto. Aunque estoy seguro que de alguna manera los sentimientos de gratitud que mediante estas palabras quiero transmitirles les llegará y les hará sentirse un poco mejor a pesar de su tremendo dolor. Quizá ese “Hilo Rojo” al que se refiere la tradición china, y que nos permitió a mi mujer y a mí llegar hasta nuestra hija, pueda ser el medio de transmisión por el que nuestro mensaje de gratitud les llegue.

Gracias.

NOTA: Este texto fue publicado como artículo en el número 28 de la revista "Niños de Hoy".

jueves 14 de agosto de 2008

ESTULTICIA ADMINISTRATIVA, o sobre cómo la Administración discriminó a mi hija (segunda parte)


Se trata de una historia larga que no quiero dejar pasar ya que esta es la única forma de denuncia que voy a realizar, pero que para no aburrir la contaré casi telegráficamente y marcando el orden cronológico:
  1. Marzo del 2005: Se abre el plazo en la Comunidad Autónoma de Andalucía para solicitar plazas escolares para el curso 2005 - 2006 en la Enseñanza Infantil. En esa fecha estábamos cerca de finalizar el proceso de adopción pero aun no nos había sido asignada nuestra hija por el Centro Chino de Adopciones, por lo que no conocía su edad y por tanto si podría ser escolarizada para dicho curso. Pero incluso aunque hubiéramos sospechado que nuestra hija era escolarizable no tenía sentido presentar una solicitud de plaza dejando sin rellenar todos los datos relativos a la niña ya que aun no disponíamos de documento alguno que acreditara que teníamos una hija (de hecho ni siquiera estábamos seguros de que nos asignaran una niña).

  2. Mayo de 2005: Por fin nos asignan a nuestra hija y es entonces, dos meses después de terminado el plazo de solicitudes, cuando conocemos que tiene 3 años y que por lo tanto, una vez concluido los trámites de adopción, tendrá derecho a ser escolarizada para el curso 2005-2006. Pero además de estar fuera de plazo, aun no podemos presentar solicitud alguna puesto que la adopción no estaba formalizada.

  3. Julio y agosto de 2005: Estamos en China recogiendo a nuestra hija. Al regreso a España compruebo que su adaptación es magnífica y que podría ser escolarizada en la Enseñanza Infantil para el 2005-2006.

  4. Finales de agosto del 2005: Me dirijo a la Delegación en Málaga de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y explico al Inspector de Educación de la zona las excepcionales circunstancias de mi hija. Le demuestro documentalmente que siguiendo los criterios de asignación de plazas escolares (distancia de la vivienda al centro escolar, familia numerosa, hermano escolarizado en el mismo centro) dispongo de puntos suficientes para que Eva obtenga plaza en el mismo colegio que su hermano Carlos. También le explico y demuestro el porqué no pude presentar la solicitud en las fechas establecidas.

    La respuesta del Inspector de Educación es rotundamente negativa. Me argumenta que en el colegio que le hubiera correspondido ser escolarizada de haber presentado la solicitud en su momento no se puede admitir porque está completo, y me proponen una plaza que ha quedado libre en un colegio a 5 km. de casa y sin autobús escolar (a pesar de que en menos de 2 Km. de radio de mi casa hay al menos ocho colegios). Le pido que amplíe el número de plazas del colegio que le correspondería a mi hija en aplicación de la normativa de escolarización que contempla esta posibilidad para determinados casos y circunstancias. Pero su postura de negación es tajante.

    No obstante presento la solicitud a la que anexo un informe firmado por una psicóloga especializada en temas de adopción en la que explica la conveniencia de que la niña esté en el mismo colegio que su hermano, en previsión de que la niña, dada la edad de adopción y el poco tiempo que llevaba en España, confundiera el colegio con el orfanato (caso que se ha dado en varias ocasiones). La solicitud es rechazada.

  5. Enero de 2006. Me persono de nuevo en la Delegación para hablar con el Inspector de Educación acerca del motivo de la negativa sin más argumento que la falta de plaza y sin la menor referencia al informe psicológico presentado. Insisto en la conveniencia de que esté en el mismo colegio que su hermano. Le cuento el caso de una niña adoptiva que comenzó a ir al colegio con normalidad, pero el día en que comenzó a funcionar el comedor escolar, algo se le representó en su cabecita que le infundió auténtico terror, quizá recuerdos negativos de su orfanato o la idea de que ha vuelto a ser abandonada. La madre fue avisada de inmediato, y la media hora que tardó en desplazarse desde el trabajo al colegio, sorteando los atascos, la niña los pasó en un auténtico estado de pánico irracional.

    Le dije que por improbable que fuera, no quería que mi hija pudiera pasar por una situación semejante y que al estar junto a su hermano, llegado el caso, este podría ir junto a su hermana a calmarla en cuestión de pocos minutos mientras su madre o yo correríamos hacia el colegio.

    La respuesta del Inspector fue peor de lo que yo me podía imaginar:

    —Usted no se preocupe por eso, —dijo el Inspector con sonrisa cínica y prepotente —porque si la niña sufre algún tipo de trauma, la Junta de Andalucía cuenta con magníficos psicólogos que la tratarán —. Me dieron ganas de hacerle tragar sus palabras, pero me pudo la sensatez y simplemente me marché indignado.

  6. A finales del mismo mes de enero consigo una cita con el Jefe del Servicio de Inspección, le cuento todos los pormenores así como la insensibilidad del Inspector que lleva el caso. Este responsable también comprende la situación, pero dice que no se puede hacer nada. Dice que las circunstancias de mi hija no son constitutivas de excepcionalidad y su argumento es el mismo de siempre: no hay plazas en el colegio que por derecho le hubiera correspondido en el caso de que mi hija “hubiera existido” en las fechas de solicitud de plaza escolar.

  7. Febrero de 2006. Consigo una cita con el Jefe del Servicio de Postadopción de la Consejería de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía. Le explico todo lo sucedido y me responde que comprende la situación y que le parece lógica mi pretensión, pero añade que no puede hacer nada ya que se sale de sus atribuciones. Le sugiero que, si le parece lógica mi reivindicación, que simplemente emita un informe técnico manifestando la conveniencia de ser escolarizada en el mismo centro que su hermano. Pero se niega tajantemente diciendo que eso no forma parte de su trabajo, y para mi sorpresa e indignación añade:

    —Usted no se preocupe, porque si la niña sufre algún tipo de trauma, la Junta de Andalucía cuenta con magníficos psicólogos que la tratarán —.

    Me levanté y me marché sabiendo que allí no obtendría ninguna ayuda por mucho que comprendiera el problema. También este trabajador al servicio público prefirió evitar los problemas en lugar de actuar con profesionalidad.

  8. A partir de este momento y durante muchos meses intento que reconozcan a mi hija su derecho legal de igualdad de acceso a una plaza escolar. Envié escritos a los Delegados en Málaga de ambas Consejerías y a los propios Consejeros. No me contestaban o bien me decían que remitían mi escrito al Servicio de Inspección de Escolarización, que era la Unidad Administrativa que rechazaba mi petición. Es decir, mi reclamación entraba en un círculo vicioso.

  9. Se produce un cambio organizativo en la Delegación de Málaga de la Consejería de Educación y el asunto de escolarización pasa a depender del Servicio de Planificación y Escolarización. En marzo de 2007 me entrevisto con el Jefe del Servicio. Vuelta a contarla historia, los argumentos, las razones y las negativas. También este responsable comprende y ve lógica mi petición. Pero su respuesta es la de todos: no hay excepcionalidad y tampoco hay plazas en el colegio que le correspondía.

  10. Por último envío un escrito al Defensor del Menor de la Junta de Andalucía, el cual admite a trámite mi petición, pero al final se limita a transcribirme el informe del Inspector de Educación donde la razón de la negativa es claro y simple: están las plazas cubiertas. Y sin ninguna observación ni comentario a las circunstancias especiales que esgrimí en el escrito.

    A pesar de sus ojos oblicuos, mi hija es española, andaluza y malagueña, y creo que en ella deben cumplirse los principios Constitucionales de igualdad así como todo tipo de garantías que la legislación española en vigor otorga a los menores. Y a mi pobre entender, estos principios deben estar garantizados antes de proceder a aplicar cualquier reglamento de admisión de alumnos. Esta ha sido mi lucha durante los últimos tres años hasta que he decidido dejarlo por imposible, ya que aunque podía haber iniciado una demanda judicial, como dije al principio del capítulo, soy de la opinión de que la justicia que llega tarde no es justicia. Pero al menos me queda el derecho al pataleo, que me he permitido ejercer desde aquí.

    La historia de la escolarización es más larga, pero la conclusión es que mi hija no ha sido tratada con criterios de igualdad en el acceso a una plaza escolar, ya que siempre ha tenido que contentarse con una de las plazas remanentes en lugar de optar en justa competencia como el resto de niños andaluces a la totalidad de plazas.

    Yo comprendo que las dos historias que cuento son excepcionales, pero son casos reales y creo que deben conocerse. La Administración debe estar al servicio de los ciudadanos para ayudarles a resolver los problemas y no para complicarles la vida con procedimientos absurdos y negativas sin más sentido que la situación de poder del que las emite, incluso saltándose los derechos que la ley garantiza a mi hija. Sé que esta denuncia a través de este texto incoherente no servirá para nada, pero al menos me ha permitido desahogar el disgusto que las absurdas e injustas decisiones de unos funcionarios prepotentes me provocaban.

miércoles 13 de agosto de 2008

ESTULTICIA ADMINISTRATIVA, o sobre cómo la Administración discriminó a mi hija (primera parte)


Una frase del ámbito jurídico reza: «la justicia que llega tarde no es justicia», por eso en la historia que voy a contarles no recurrí a ella.

En alguna parte de este texto dije que no tuve ningún problema con la Administración durante los preparativos de toda la documentación requerida para el expediente de adopción. Sin embargo las cosas no fueron igual de bien con el Ente Público a nuestro regreso. Sobre este asunto voy a contar dos experiencias, la primera de ellas es casi una anécdota, sin embargo, la segunda ha sido muy dolorosa para mi en cuanto la considero una auténtica discriminación para con mi hija.

La primera experiencia negativa tuvo que ver con mi solicitud del Título de Familia Numerosa. Y es que si bien no es usual que una familia que adopta se convierta en numerosa, tampoco me parece que sea una circunstancia excepcional.

Cuando llegamos de China en agosto de 2005, y anticipándome al período de matrículas universitarias, fui a la correspondiente oficina de la Consejería de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía donde se tramita el citado Título. Necesitaba hacerlo pronto para poder beneficiarme de las bonificaciones en las matrículas de los estudios universitarios (mi mujer, mi hijo mayor y yo mismo estamos matriculados en la Universidad, por lo que conseguía un ahorro importante). Pues bien, cuando presento la solicitud y el resto de los documentos exigidos me dicen tan tranquilos que no pueden concedérmelo porque según dicta el procedimiento administrativo aplicable no acompaño el Libro de Familia. Les explico que me resulta completamente imposible presentarlo ya que se encuentra en la Embajada española en Beijing y que no lo recibiré hasta pasados varios meses. No obstante les enseño una fotocopia compulsada del Registro de la Embajada que acredita suficientemente que mi hija es mía.

A pesar de la prueba indiscutible de mi paternidad, siguen negándome mi derecho porque, insisten, no me ciño al procedimiento administrativo establecido. Les explico la excepcionalidad del caso y muestro reiteradamente la documentación que acredita que Eva es mi hija. Pero en contra de toda normativa sobre los procedimientos administrativos que garantizan al ciudadano el derecho a presentar solicitudes por el Registro General, ellos siguen impidiendo el ejercicio de mis derechos. Me dicen que haga el trámite una vez reciba el Libro de Familia. Me niego por completo a esa solución ya que tardará meses en llegar y yo necesito disponer del reconocimiento formal de familia numerosa para realizar las matrículas universitarias además de otras ventajas a las que tenía derecho.

Ante una situación que considero tan injusta decido que no voy a ceder e insisto en que no me marcharé hasta que se resuelva el problema ya que tenía todo el derecho a que mi familia fuera reconocida como numerosa. Se produce un pequeño revuelo entre los empleados públicos por mi tozudez y comienzan a desfilar ante mí varios responsables que no dan una solución satisfactoria a la situación.

Tras varias horas de discusión deciden “hacerme un favor” e iniciar el trámite, para lo cual tienen que quedarse con mi fotocopia compulsada. Me negué a entregarles el documento explicándoles que no podía desprenderme de dicha fotocopia compulsada puesto que era el único documento oficial que tenía para demostrar que Eva era mi hija, y que además lo necesitaba para realizar otras gestiones con la Administración (como darla de alta en el Servicio de Salud, en el censo municipal…), les ofrecí una fotocopia del documento, pero nada más. De nuevo se produce un revuelo entre los funcionarios ante mi negativa a darle el documento, lo que lleva la situación al punto de partida.

Como se acercaba la hora de terminar con la jornada laboral y viendo que yo no pensaba marcharme sin mi documento optaron por emitir un certificado temporal cuya renovación estaba condicionada a la entrega del Libro de Familia cuando lo recibiera.

Pero esta historia no deja de ser una mera anécdota si la comparo con el serio problema que tuve con la Administración de Educativa, el cual nunca se resolvió. Pero eso os lo contaré en el próximo capítulo.